CATAMARCA-Patoterismo sindical

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La bravuconada del sindicalista Omar Viviani, titular del Sindicato de Peones de Taxis, que arengó a “dar vuelta los coches” de los que se adhirieran al paro de la CGT del pasado jueves, finalmente no fue más que un alarde de poder, aunque brutal y tenebroso, y de nada le sirvieron sus aclaraciones posteriores respecto a que se le “había salido la cadena”. Lo dicho, dicho estaba, y fue público. Tanto que el fiscal de la Cámara Contravencional y de Faltas porteño, Walter Fernández, lo imputó por el delito de “amenaza coactiva agravada”, que según el artículo 149 del Código Penal impone una pena de 5 a 10 años de prisión a “aquellos que tuvieren como propósito compeler a una persona a hacer abandono del país, la provincia o los lugares de residencia habitual o de trabajo”. Eso por lo pronto, ya que según el fiscal las afirmaciones del líder de los taxistas podrían dar lugar a otras “múltiples calificaciones”, tales como “instigación a cometer un delito vinculado a la actividad profesional e instigación a cometer un daño”. Fernández lo citó a prestar declaración por sus dichos y Viviani presentó un certificado médico por intermedio de su abogado. Según el papel, el sindicalista debía hacer reposo por 48 horas debido a tenía hipertensión y problemas cardiovasculares. Hasta allí llegó el matonismo de Viviani. Bastó que la Justicia le pusiera un freno a sus amenazas para que al jefe de los taxistas se le descompensaran los ímpetus.